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11 de noviembre de 2010

SOBERANÍA ALIMENTARIA: ENSEÑANDO A PESCAR

Aumentar y diversificar la producción agrícola, mejorar la dieta alimenticia y disminuír los índices de desnutrición en las 16 comunidades con las que trabajan ha sido el objetivo planteado por Ceiba para la línea de Soberanía Alimentaria de este programa de desarrollo. Su proyecto no fue recibido con los brazos abiertos en las comunidades. La entidad hablaba de implementar huertos en cada casa con siembra de hortalizas, granos básicos, árboles frutales y algunas plantas medicinales, pero las familias no disponían de agua suficiente para dar de beber a tanto vegetal.

Entonces nació la segunda parte del proyecto: los sistemas de aprovechamiento de riego. Dos cilindros de cemento hacen las veces de colador para el agua sucia de los tanques donde las mujeres lavan la ropa. Hasta ahora se dejaba correr por las tierras, sin canalización ni filtración alguna, y el cloro que arrastraba secaba las cosechas.

Las diez libras de carbón (cinco kilos) y la piedra pómez que se coloca en los cilindros, bajo la red de filtro, se comen las bacterias presentes en el agua y disuelven el cloro, para que el riego que llega a las parcelas no aporte más que nutrientes a las plantas sembradas. La experiencia de los filtros no fue nueva para Ceiba. Se había puesto en marcha ya en otras comunidades de Huehuetenango, en la frontera con México, aunque allí se construyeron con llantas de rueda, un sistema mucho menos efectivo y que ocupaba más tiempo a la hora de ser colocado.

Así las cosas, a día de hoy son en total 420 los hogares beneficiados con el proyecto de Soberanía Alimentaria, cien más que las previstos en un primer momento. Ceiba ha asumido este compromiso a raíz de la buena disposición manifestada en las comunidades, si bien hay familias que se están quedando fuera al no brindar su colaboración. Y es que todos los beneficiarios deben participar en la implementación de los huertos, en la colocación de los filtros y en el cuidado del banco de semillas, del que hablaremos más abajo. Sin embargo, no todos están dispuestos a aprender a pescar si alguien les diera los peces: es la consecuencia del paternalismo en el que se ha envuelto la cooperación en Guatemala hasta ahora.

Pero en el programa Oxlajuj Tz'ikin no se reparten peces, sino que en cada proyecto las comunidades reciben capacitación para desarrollar las intervenciones y hacerlas sostenibles en el tiempo. Por ello, a las familias que no se involucran se les retira todo el material y las variedades de semillas y plantas entregados y se reparten entre otros pobladores que sí están dispuestos a poner de su parte para hacerse con el control de su alimentación y dejar de acudir a los mercados, donde la mayoría de las familias no tienen ingresos suficientes para cubrir la canasta básica. Lo recolectado en los huertos que Ceiba implementa se destina en su totalidad al autoconsumo, al igual que la carne de los animales que crecen en los gallineros que han ido cercando.

Semilleros de pensamiento
La tercera de las líneas del proyecto de Soberanía Alimentaria pasa por la puesta en marcha de un banco de semillas criollas. Se trata por una parte de recuperar estas variedades, que ofrecen muchas ventajas para el campesino tales como la resistencia a factores climáticos, la resistencia a plagas y enfermedades o la generación de nuevas semillas. Así, la agricultura orgánica permite a estas comunidades la autosuficiencia alimentaria, elaborando ellas mismas todo lo que necesitan para mantener sus cosechas: desde las semillas hasta los abonos y plaguicidas. La dependencia de mercados y empresas agroquímica se reduce a la nada.

Sin embargo, también el banco arrancó de la nada, por lo que en una primera fase cada familia recibió del proyecto entre 15 y 23 plantas de seis de las 25 variedades que se manejan en total, entregando siempre aquellas semillas con las que no contaban de antemano. A partir de este primer paso, Ceiba no entregará más semillas, sino que cada familia deberá acudir al banco comunitario, que tiene como norma básica de funcionamiento el devolver dos onzas por cada onza que se pide. En los casos de perder la cosecha, el campesino no tendrá que reponer las semillas que se había llevado.

El agricultor podrá encontrar todo tipo de semillas. Rábano, zanahoria, acelga, cilantro, papaya, frijol de todas las variedades, maíz criollo y también plantas medicinales estarán guardadas en las diferentes vasijas de barro que poblan las estanterías del banco. Frente al plástico, el barro permite mejorar la calidad y el tiempo de vida de la semilla. El problema del menor hermetismo se solucionará mezclando hierbas antiparasitarias, como el eucalipto o la flor de muerto.

Además de la parte práctica, Ceiba imparte en las comunidades talleres de capacitación en todo el ciclo productivo. Enseña la mejor ubicación para los huertos, a cercar las áreas que estos ocupan, a preparar el terreno para la siembra y a sembrar, a controlar la maleza, a cocinar alimentos que hasta ahora no se cultivaban, un buen uso para los filtros de aprovechamiento del riego y la elaboración de plaguicidas naturales, que junto al abono que proviene de las letrinas colocadas en el Programa permiten disminuír los gastos por la compra de fertilizantes químicos y conservar los nutrientes del suelo.

Todo ello se completa con charlas de sensibilización sobre la necesidad de producir alimentos y semillas propias. Así las familias no tendrán que acudir a Monsanto, una multinacional que vende los productos de su propio huerto: el de los transgénicos.

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