
Es la historia de la Educación en las áreas rurales de Guatemala. Un estudio realizado por la Unesco en varios países de América Latina revela que únicamente República Dominicana presenta un panorama peor que el descrito.
Más datos. Más cifras frías. Las condiciones de pobreza son más pronunciadas en el rural, ya que del total de la población indígena (mayas, xinkas y garífunas) que en ellas vive el 80% se encuentra entre los estratos bajo y extremadamente bajo. La situación no cambiará mientras no se aprueben políticas para la compra de la tierra y programas de apoyo a la producción agrícola y campesina. El racismo que todavía late en el seno del Estado respecto a la población indígena hace que dos derechos básicos como son la Salud y la Educación estén muy lejos de ser una prioridad.
Un aula con sillas para todos

A partir de una exhaustiva investigación enriquecida mediante entrevistas con personas e instituciones que cuentan con experiencia en la materia, se ha redactado una propuesta que identifica las precariedades y las medidas a tomar para exigir una Educación con calidad que respete y se apropie de la cultura indígena. A continuación se señalan algunas necesidades.
- Tener en cada escuela el número apropiado de docentes y en condiciones laborales dignas. Igual de importante es que los docentes sean miembros de la propia comunidad para que conozcan su cultura, sus valores y la organización de la misma. Así mismo, deberá dominar el idioma materno de unos niños en su mayoría mayahablantes para evitar que se repitan situaciones como la vivida en la escuela de El Triunfo, donde los pequeños, monolingües en Ixil, recibían aulas de un profesor monolingüe en español. En segundo grado todavía no podían leer. En María del Mar, el mismo profesor atiende de 2° a 6° en la misma clase, donde pueden escucharse hasta tres lenguas mayas; el maestro no habla ni entiende ninguna.

- Respetar y valorar la cultura y los ritmos de la comunidad, tomando en cuenta la lengua, las tradiciones y la actividad productiva del contexto a fin de garantizar la permanencia de la niñez en las aulas. Para ello es necesario también dedicar el tiempo necesario para el aprendizaje, con un calendario y un horario adecuados a los ritmos de esa comunidad. Para la elaboración de esta propuesta se ha cronometrado el tiempo que se destina realmente a las clases, restando el recreo, la refacción o las horas de limpieza. El resultado han sido entre 3 y 4 horas al día. Las eventuales tormentas y el tiempo de la siembra y la recogida de la cosecha reducen aún más el calendario escolar.
El derecho a tener derecho

El monitoreo de los resultados que se van obteniendo y el fomento de una escuela bilingüe que permita a los niños de 6° grado de primaria el dominio de su lengua propia y del español completarían un giro que debe afectar a todos los niveles, desde el Gobierno hasta lo que ocurre dentro del aula. Sin este giro, el derecho a la Educación se mantendrá como una meta difícil de alcanzar para la población indígena.
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